MONICIÓN:
Domingo xxX
del tiempo ordinario
ENTRADA: Bienvenidos queridos hermanos a la Santa Misa. Estamos en el Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo
Ordinario. Hoy, la Liturgia nos invita a vivir con fe perseverante y a no
desanimarnos nunca en nuestra oración, pues Dios escucha siempre a quienes
claman a Él con corazón sincero. Puestos en pie, cantamos.
PRIMERA LECTURA: El libro del Eclesiástico nos enseña que el Señor
escucha la súplica del pobre y no desoye al que sufre. Prestemos
atención.
SALMO: Si el
afligido invoca al Señor, él lo escucha.
SEGUNDA LECTURA: San Pablo, al final de su vida, reconoce que su
fuerza y su victoria vienen solo de Dios. Él es quien sostiene y corona a los
que permanecen fieles. Escuchemos.
EVANGELIO: Jesús nos invita acercarnos a Dios con humildad. Sólo así podremos experimentar su amor,
reconociendo que lo que somos es por su gracia y no por nuestros méritos. Puestos en pie, cantamos el Aleluya.
PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS: Presentamos ahora al altar el pan y el vino,
fruto del trabajo humano y signo de la entrega de Cristo. Que al ofrecerlos,
también presentemos nuestras vidas, con sencillez y humildad, para que el Señor
las transforme con su amor. Cantamos.
COMUNIÓN: Al acercarnos a recibir el Cuerpo de
Cristo, recordemos que no somos dignos por nuestros méritos, sino por la
infinita misericordia de Dios. Acompañamos cantando.
DESPEDIDA: Volvamos a
nuestros hogares con el corazón agradecido.
Que la Palabra que hoy hemos escuchado nos ayude a vivir cada día con
humildad, reconociendo que todo lo bueno que hay en nosotros viene de Dios. Nos
despedimos cantando.
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