MONICIÓN:
xviIi domingo
del tiempo ordinario
ENTRADA: Bienvenidos hermanos a la Santa Misa, llegamos al Décimo
Octavo Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy Jesús nos advierte contra la
avaricia y nos anima a no acumular tesoros en la tierra, sino a ser ricos ante
Dios y a valorar lo que realmente permanece. En pie, cantamos.
PRIMERA LECTURA: El autor del Eclesiastés, nos recuerda que
todo en la vida es pasajero. Los esfuerzos humanos, si no están orientados a
Dios, se vuelven vanidad. Prestemos atención.
SALMO:
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
SEGUNDA LECTURA: San Pablo
nos exhorta a buscar los bienes de arriba, a vivir como hombres y mujeres
nuevos, dejando atrás el egoísmo y los deseos desordenados. Escuchemos con atención.
EVANGELIO: Con la parábola del rico insensato, Jesús, nos invita
a reflexionar sobre lo que realmente da sentido a nuestra existencia. Puestos
en pie, cantamos el Aleluya.
OFERTORIO: Iniciamos la Liturgia Eucarística. Ofrecemos en el
altar Pan y Vino, junto con ellos, queremos ofrecer también nuestro deseo de
vivir con un corazón generoso y desapegado, confiando más en Dios que en las
riquezas. Acompañamos Cantando.
COMUNIÓN: En un mundo que nos invita a acumular y a buscar
seguridades pasajeras, Jesús nos ofrece el verdadero tesoro: su presencia viva,
que sacia el corazón y da sentido a nuestra vida. Recibámoslo con fe y gratitud,
cantamos.
DESPEDIDA: Al concluir
esta celebración, llevamos en el corazón el llamado de Jesús a vivir con
sabiduría y vivamos más atentos al prójimo, generosos en el compartir, y
confiados en que nuestra mayor riqueza es Dios. Nos despedimos cantando.
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