MONICIÓN: xv domingo del tiempo ordinario
ENTRADA: Queridos hermanos, bienvenidos a participar de la
Santa Misa. Hoy Décimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, la Liturgia nos presenta la parábola del buen
samaritano, invitándonos a amar al prójimo sin condiciones ni barreras. Abramos
el corazón para escuchar la voz de Dios y encarnar su misericordia. Nos
ponemos de pie y cantamos.
PRIMERA LECTURA: Dios nos revela que sus mandamientos no están lejos
de nosotros: “no están en el cielo, ni al otro lado del mar… sino muy cerca, en
tu boca y en tu corazón”. Prestemos atención.
SALMO:
Humildes, buscad al
Señor, y revivirá vuestro corazón.
SEGUNDA LECTURA: San Pablo nos presenta a Jesucristo como el principio y fin de todas las
cosas, fuente y meta de la creación. Cristo es también el que reconciliaba por
la cruz, mostrando hasta dónde llega el amor de Dios. Escuchemos con atención.
EVANGELIO: Jesús redefine la palabra “prójimo”, invitándonos a
pasar del conocer al amar, sin excusas ni distancias. En pie cantamos el
aleluya.
OFERTORIO: Ahora presentamos al altar el pan y el vino, junto
con nuestros pequeños actos de amor y servicio. Que este gesto nos recuerde que
toda vida cristiana es una entrega generosa, como la del buen samaritano. Que
lo que ofrezcamos hoy sea expresión de un corazón que ama al prójimo sin
medida. Cantamos.
COMUNIÓN: Jesús, el verdadero Buen Samaritano, se hace alimento
para nosotros. Al recibir la comunión, abramos nuestro corazón para dejarnos
curar por Él y, fortalecidos por su amor, salir al encuentro del hermano
necesitado. Acompañamos cantando.
DESPEDIDA: Hemos escuchado la Palabra y alimentado nuestra fe. Ahora se nos envía a vivir lo que celebramos. Que esta semana seamos samaritano para quien lo necesite, sin pasar de largo ante el sufrimiento ni cerrarnos en la comodidad. Que el Señor nos conceda un corazón compasivo, dispuesto siempre a amar, servir y curar. Nos despedimos cantando
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